martes, 8 de mayo de 2012

Tiren papelitos

Primero fue Clemente. En aquellos tiempos primeros en que al diario lo mirábamos al revés (humor, deportes, después el resto… que no entendíamos mucho). El personaje del Negro Caloi tiene casi mi edad, así que hasta tiempo después no conocí a Bartolo, el maquinista del tranvía con quien inauguró su tira, y que se despidió rápidamente. Pero aquel extraño personaje, mezcla de pájaro, pato o... vaya uno a saber qué (y la Mulatona, Mimí, Jacinto, el apuntador, etc.) siempre estaban ahí. En el centro de la página de humor, junto a El Loco Chávez, Goyo y Cía., Diógenes y el Linyera. Y junto al humor de otros dos geniales "negros": Fontanarrosa y Crist.
También compartía con él el amor por el fútbol. Clemente lo demostraba embanderado y con el pañuelo de cuatro puntas, ante cada suceso futbolero. Lo peleaba al Gordo “Murioz”, que no quería que se tiraran papelitos en la cancha. Ya se sabe quién ganó aquella contienda… Luego también los cortos televisivos: oír el famoso “Miren, miren que locura …”, era la señal para correr frente al televisor, para no perderse el chiste del día. Esos spots contaban con el estrellato innegable del hincha de Camerún, un país y una selección ignota por aquella época, que de la mano de Caloi se volvió más querible. Y el disco editado por Interdisc, con la participación creativa de su amigo, el Negro Dolina, para el Mundial de España ’82: con mis hermanos lo rayamos de tanto escucharlo…
Y ese amor por el fútbol me llevó a encontrar (y a disfrutar) al Negro también en El Gráfico, que mi viejo traía a casa todos los martes a la noche, y que esperaba ansiosamente, para ver las fotos de mis ídolos, los resúmenes de los partidos… y a para reírme con aquellos chistes inolvidables.
Luego, el humor cotidiano, social, romántico, hasta existencial, en aquellas viñetas del Clarín Revista. Y las joyas que podíamos contemplar en las tardes de sábados, con su programa Caloi en su tinta. Por todas esas sonrisas, por todos esos personajes, por todas aquellas nostalgias. Como decía la famosa canción: Miren, miren que emoción… Chau Caloi, ya se te extraña.

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